No es nuevo lo que han hecho las direcciones sindicales hoy, o mejor la noche de ayer. Una cena que sirve para ganárselos a los dirigentes sindicales e intentar cerrar la boca a todo el movimiento obrero. Sin embargo, a pesar de lo aparente, el movimiento obrero con su cauce y movilización no es un grifo que se pueda abrir o cerrar según convenga.
Se abrió el grifo el 29 de septiembre y "presionaron" en diciembre con movilizaciones que no son comparables a cualquier huelga general vivida en este país. La contradicción va a ser simple: ¿Cómo es que a día de hoy con la revolución del Magreb y con el desprecio a las políticas de derecha de Zapatero los sindicatos no hacen nada?
Esto va a cuestionar el papel de estas direcciones.
Los errores iniciales de IU, cuya dirección defendió a ultranza a las direcciones sindicales en su "papel" de la Huelga General (que fue mal convocada y poca gente vio expectativas en lograr gran cosa), han sido parcialmente resueltos por suerte. Sin embargo hay que cambiar bastantes cosas en IU.
En el PSOE el debate empieza a recrudecerse. La perspectiva de una derrota en estas autonómicas prevee enfrentamientos mucho más importantes en el futuro. Ante esta perspectiva habrá que ver que nos encontramos.
Sin embargo, dejando de lado a los partidos y sus direcciones, las direcciones sindicales han roto (como hicieron en años anteriores) con sus bases. En un período de crisis en la que todos los trabajadores están afectados, los conflictos en cada empresa serán más fuertes en la que, en bastantes casos, tendrán las bases que saltar a las direcciones reformistas.
¿Qué deberíamos hacer los revolucionarios? En primer lugar, aunque a alguno pueda sonarle raro, entrar en los sindicatos de clase mayoritarios. Lenin bien afirmaba que era obligatorio participar en los sindicatos de clase aún cuando estos tenían direcciones reformistas. Entrar sin hacer nada es estúpido y no es asumible por ningún revolucionario. Hay que entrar con un programa serio de reivindicaciones prácticas en pos de los trabajadores. Pedir la nacionalización bajo control de los obreros de las empresas y la banca, pedir la elegibilidad y revocabilidad en cualquier momento de cualquier miembro de la dirección del sindicato sin importar rango y, por último, por un sindicalismo de clase que defienda a los trabajadores.
Desde organizaciones como el PCE y corrientes como Izquierda Socialista se debería tener el ojo puesto en los sindicatos y proponer a los compañeros que se afilien a los mismos con las ideas correctas y arrebatar la dirección a los inútiles que ejercen ahora.
Se abrió el grifo el 29 de septiembre y "presionaron" en diciembre con movilizaciones que no son comparables a cualquier huelga general vivida en este país. La contradicción va a ser simple: ¿Cómo es que a día de hoy con la revolución del Magreb y con el desprecio a las políticas de derecha de Zapatero los sindicatos no hacen nada?
Esto va a cuestionar el papel de estas direcciones.
Los errores iniciales de IU, cuya dirección defendió a ultranza a las direcciones sindicales en su "papel" de la Huelga General (que fue mal convocada y poca gente vio expectativas en lograr gran cosa), han sido parcialmente resueltos por suerte. Sin embargo hay que cambiar bastantes cosas en IU.
En el PSOE el debate empieza a recrudecerse. La perspectiva de una derrota en estas autonómicas prevee enfrentamientos mucho más importantes en el futuro. Ante esta perspectiva habrá que ver que nos encontramos.
Sin embargo, dejando de lado a los partidos y sus direcciones, las direcciones sindicales han roto (como hicieron en años anteriores) con sus bases. En un período de crisis en la que todos los trabajadores están afectados, los conflictos en cada empresa serán más fuertes en la que, en bastantes casos, tendrán las bases que saltar a las direcciones reformistas.
¿Qué deberíamos hacer los revolucionarios? En primer lugar, aunque a alguno pueda sonarle raro, entrar en los sindicatos de clase mayoritarios. Lenin bien afirmaba que era obligatorio participar en los sindicatos de clase aún cuando estos tenían direcciones reformistas. Entrar sin hacer nada es estúpido y no es asumible por ningún revolucionario. Hay que entrar con un programa serio de reivindicaciones prácticas en pos de los trabajadores. Pedir la nacionalización bajo control de los obreros de las empresas y la banca, pedir la elegibilidad y revocabilidad en cualquier momento de cualquier miembro de la dirección del sindicato sin importar rango y, por último, por un sindicalismo de clase que defienda a los trabajadores.
Desde organizaciones como el PCE y corrientes como Izquierda Socialista se debería tener el ojo puesto en los sindicatos y proponer a los compañeros que se afilien a los mismos con las ideas correctas y arrebatar la dirección a los inútiles que ejercen ahora.
